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Ser uno mismo

Sin falta terminas llegando a esa edad en la que, al fin, eres tú mismo, no tanto porque haces lo que quieres sino, sobre todo, porque disfrutas enormemente haciéndolo.

hace 4 horas
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  • Ser uno mismo

Por Sara Jaramillo Klinkert - @sarimillo

A May Sarton le preguntaron una vez en una conferencia qué era lo mejor de hacerse mayor a lo que ella contestó: «Que soy yo más que nunca». Si ya llegaste a cierta edad sabrás que Sarton tenía razón (los poetas siempre la tienen, aunque no la tengan) pero ¿cuál es esa cierta edad a partir de la cual puedes considerarte mayor? Todo dependerá de a quién le preguntes porque es bien sabido que mayor es todo aquel que tiene más años que uno. La otra cuestión es más filosófica y mucho más interesante: ¿qué significa ser uno mismo?

Como el martes es mi cumpleaños permítanme explorar una respuesta: a esta edad pensé que tendría la vida resuelta, que tomaría buenas decisiones, que tendría muchas amigas y un costurero, que iría a fiestas extraordinarias. Creía que nada me haría llorar y que sería una señora elegante a quien saludarían por el nombre en la peluquería y la lavandería. Y, sin embargo, heme aquí. Pérdida, indecisa, incoherente. Con cada vez menos amigas. No sé tejer y no me interesa. No pertenezco a ningún grupo, gremio o club que se reúna regularmente. No tengo ni una sola prenda tan fina como para tener que llevarla a la lavandería. ¿De verdad sigue habiendo lavanderías? La última vez que organicé el clóset fue hace tanto tiempo que no la recuerdo, lo único que sé fue que regalé absolutamente todos mis tacones. Mi único vicio a esta edad es acumular tenis. Siento defraudarlos, yo también pensé que tendría vicios más interesantes. Tampoco recuerdo la última vez que pisé una peluquería. Yo misma me corto el pelo y cuando me trasquilo voy donde la mamá para que me lo empareje. De mi suegro decían que lloraba despidiendo un fax; yo, que era de lágrima difícil, lloro ahora por mucho menos, como hace nada, en el acuario de Veracruz, cuando un pingüino se paró justo a mi lado. O cuando vi los ajolotes y me recordaron el cuento de Cortázar donde un hombre se convierte en uno. De guerras, animales maltratados y daños ambientales ni hablemos porque, de solo pensarlo, me derrumbo durante varios días.

Ahora bien, sé que he llegado a cierta edad porque no voy a fiestas exclusivas, ni siquiera ordinarias pues no soporto el ruido, ni el tumulto, ni los borrachos, ni el trasnocho. Mi novio dice que soy fuerte porque abro los frascos en casa, pero es que hay muchas maneras de ser fuerte y abrir frascos es la menos interesante de todas. Robo plantas, piedras, troncos y perros. Quiero ser ermitaña y estoy ahorrando para lograrlo. Me gusta comprar sartenes, cuidar jardines, ponerle banano a los pájaros y sentarme por horas a mirarlos. Adoro leer y escribir libros, no darle explicaciones a nadie, no hacerle caso a nadie, ni siquiera a mí misma. Ni en sueños había imaginado una mejor vida con todo y mi soledad, mis flaquezas, mis lágrimas, mis tenis, mis libros y mis plantas.

Sin falta terminas llegando a esa edad en la que, al fin, eres tú mismo, no tanto porque haces lo que quieres, sino, sobre todo, porque disfrutas enormemente haciéndolo. Si no es así, lo siento, sigue intentando.

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