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Por Fáber Andrés Alzate Ortiz* - opinion@elcolombiano.com.co

¿Será que aún tiene sentido ir a la universidad?

Asistir a las aulas no puede considerarse simple trámite para conseguir empleo.

hace 7 horas
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  • ¿Será que aún tiene sentido ir a la universidad?

Por Fáber Andrés Alzate Ortiz* - opinion@elcolombiano.com.co

En una época en la que se cree que todo está a un clic, donde el posicionamiento de cursos relámpago de ocho semanas o menos y la era de gurús digitales que a través de redes prometen el éxito instantáneo, se podría creer que la pregunta ¿será que aún tiene sentido ir a la universidad?, deja de ser susurro, considerando que de cara al valor y velocidades en que se mueve el mercado, muchas personas pueden mirar el diploma profesional con escepticismo, al terminar seducidos por la falsa ilusión de que aprender se reduce a acumular habilidades técnicas en solitario.

Reducir la educación a simple tutorial de YouTube o video con instrucciones colgadas en alguna plataforma digital es un error de perspectiva, considerando que asistir a la universidad hoy es fundamental, toda vez que allí es posible recibir formación sólida que permita cultivar el pensamiento crítico y conexiones profesionales duraderas que los simples cursos cortos jamás alcanzarán a dar.

Propongo discutir algunas razones, primero, el criterio de la formación integral, mientras un curso exprés se enfoca en instruir para ejecutar una tarea mecánica, la universidad dará cuenta de la teoría, del porqué y el para qué de las cosas, herramientas y metodologías, proporcionando una visión profunda e integrativa. Segundo, el pensamiento crítico, el cual sabemos no está ligado con la inmediatez, sino que requiere de años dedicados a estudiar problemas complejos, indagar con rigor y formular soluciones inéditas según contexto y tiempo. Tercero, facilitar redes de contactos, el relacionamiento universitario no puede asociarse a participar en un grupo de WhatsApp pasajero; la real experiencia universitaria es directamente proporcional a la posibilidad de tener tiempo y circunstancias para construir redes de apoyo real para la vida, al interactuar con pares, expertos y profesores con quienes se pueda tener afinidades profesionales.

Cuarto, la validez educativa oficial, son muchas las empresas, cargos públicos y centros de investigación que exigen un título universitario legal para contratar personas que puedan ejecutar determinadas labores; y quinto, el desarrollo de habilidades socioemocionales -liderazgo, oratoria, trabajo en equipo etc.- las cuales está demostrado que suelen desarrollarse o potenciarse solo a partir de procesos de convivencia socio-educativa duraderos en el tiempo.

No satanizo los cursos cortos, poseen un valor en lo relacionado con la actualización en determinado saber o práctica pertinente y ágil; los reconozco como valioso complemento, pero no el real cimiento de competencias profesionales, porque pretender que suplanten la base sólida de formación que da una carrera universitaria es confundir un parche técnico con una arquitectura intelectual.

Muchas universidades hoy deben romper esa inercia que parece estancarlas en sus niveles de innovación académica, administrativa y tecnológica, pero no coloco en duda que su valor fundamental y propósito central es relevante y que asistir a las aulas no puede considerarse simple trámite para conseguir empleo; debemos asumirlo como acto de resistencia intelectual, en una sociedad que se ahoga en un falso océano de respuestas rápidas pero vacías, donde ser capaces de aprender a pensar con profundidad puede ser lo que nos salve de llegar a ser considerados seres humanos irrelevantes.

*Rector Uniminuto Antioquia-Chocó

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Por Fáber Andrés Alzate Ortiz* - opinion@elcolombiano.com.co

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