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Este otro terremoto toca tomarlo en serio

Todos deberíamos repetir como un mantra: el ahorro de agua va en serio. El Niño todavía no ha mostrado su peor cara. Más vale comenzar a comportarnos como si ya lo hubiera hecho.

hace 6 horas
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  • Este otro terremoto toca tomarlo en serio

Colombia apenas está recogiendo los escombros del terremoto de agosto y ya tiene al frente otro fenómeno natural capaz de desafiar la economía y sacudir la vida cotidiana de millones de personas: El Niño. Desde hace meses las alertas están encendidas y advierten que el cambio del clima será muy severo y se prolongará hasta el primer trimestre del próximo año. Por eso el ahorro de agua y energía debe tomarse muy en serio desde ahora para evitar males mayores.

El alcalde Federico Gutiérrez y EPM desde hace veinte días propusieron medidas de zanahoria y garrote para los consumidores: premiar a quienes ahorren energía y cobrarles más a quienes desperdicien, con el fin de evitar un racionamiento severo.

Lo mismo hizo en los últimos días el presidente Abelardo De la Espriella. El plan “Energía YA” incluye una fórmula similar: un beneficio en las facturas para quienes disminuyan en más de un 10% su consumo mensual de agua frente a su meta individual. Quienes superen dicho consumo tendrán un cobro adicional. La medida rige para todo el país, excepto para las regiones afectadas por el terremoto.

El problema es que no parece que nos estuviéramos tomando muy en serio las campañas. Por lo menos en Medellín no logramos llegar a las metas de ahorro de agua propuestas por el alcalde y los técnicos. En la zona que surte el embalse de Piedras Blancas la meta era de 92 litros diarios por vivienda y el ahorro solo fue de 27 litros. En La Fe y en Riogrande la meta era de 70 litros y el ahorro fue de apenas 15 y 6 litros, respectivamente.

Por esta razón, EPM tuvo que imponer cortes de agua de ocho horas, entre las 8:00 de la noche y las 4:00 de la mañana, que afectan a 110.000 hogares. ¿Por qué solo a una parte de la ciudad? Porque el que está en aprietos es el embalse de Piedras Blancas, en Santa Elena, el más pequeño de los tres que abastecen el Valle de Aburrá. Por eso fue el primero en sentir la sequía. La Fe y Riogrande han venido transfiriendo agua para cubrir el faltante, pero EPM advirtió que La Fe también está bajo presión y que, si llega a niveles críticos, tocaría ampliar el racionamiento.

Y no es solo Piedras Blancas. Basta mirar las fotografías que publicó el lunes EL COLOMBIANO sobre el río Cauca: su caudal cayó de 1.600 metros cúbicos por segundo en mayo a cerca de 250 hoy. En apenas tres meses perdió cinco sextas partes de su caudal.

Y puede ir de mal en peor. Estamos ante El Niño, que podría resultar benevolente si se compara con el Super Niño que amenaza con romper récords de sequía y que podría extenderse desde octubre hasta el primer trimestre de 2027.

Todos deberíamos repetir como un mantra: el ahorro de agua va en serio. Hay que ducharse más rápido, cerrar las llaves, reutilizar el agua, dejar de lavar el carro o al menos hacerlo utilizando mucho menos. Si no ahorramos desde ya, tendremos cortes que, más allá de incómodos, pueden alterar de manera profunda la vida cotidiana de todos.

¿Cómo resolver la paradoja de que mientras disminuye el agua disponible para generar energía, aumenta el consumo de electricidad por las altas temperaturas? En la Costa Caribe, por ejemplo, la demanda creció 9,1% en agosto.

El ahorro ciudadano, sin embargo, es apenas la primera línea de defensa. El Gobierno también tiene que preparar el sistema energético para una temporada que puede golpear varios frentes al mismo tiempo.

El exministro Mauricio Cárdenas ha advertido que El Niño puede convertirse en una especie de segundo terremoto por su impacto económico: mayores tarifas de servicios públicos, presión sobre la inflación por el aumento del costo de los alimentos, producto de la pérdida de cosechas y ganado.

Resulta indispensable aumentar la disponibilidad de gas para que las plantas térmicas puedan operar a plena capacidad y disminuir la presión sobre las hidroeléctricas. Cuando el sistema energético entra en tensión, las térmicas funcionan como la llanta de repuesto: pueden llegar a generar cerca del 50% de la energía que demanda el país. En tiempos normales producen alrededor del 30%, mientras que las hidroeléctricas responden por cerca del 60%.

El problema es que este gobierno recibió un país con escasez de gas, luego de una política del gobierno anterior que frenó nuevos contratos de exploración y terminó aumentando la dependencia de las importaciones, mucho más costosas. Hoy Colombia importa alrededor del 30% del gas que necesita. Y los mayores precios del gas terminan reflejándose no sólo en la factura de ese servicio, sino también en la de energía y en la de los alimentos.

Cada litro de agua y cada kilovatio que se ahorre ahora puede convertirse en una hora de racionamiento que no tengamos que padecer mañana. El Niño todavía no ha mostrado su peor cara. Más vale comenzar a comportarnos como si ya lo hubiera hecho.

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