Los astronautas ya estaban vestidos con su traje naranja, ese que los ayudó a resistir su regreso a la Tierra. Y la expectativa era total, ya que la fase de regreso era bastante delicada para los astronautas y justo para esta ocasión se trataba del primer vuelo tripulado de Orión luego de que en 2022 se detectó un problema durante una prueba sin tripulantes. En ese momento, el escudo térmico que protege la nave se había alterado “de una manera inesperada”, según un informe técnico.
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A pesar de esta anomalía, la agencia espacial estadounidense decidió continuar con el mismo escudo, revisando la trayectoria para escoger un ángulo de entrada en la atmósfera más directo y así limitar el rebote que había contribuido a deteriorar el escudo térmico de ese momento.
Por eso, el trabajo para el amerizaje de este viernes 10 de abril comenzó desde hace 3 años. Desde 2023 los equipos en tierra estuvieron entrenando para este día.
El proceso dinámico del cambio de velocidad –cuando la tripulación llega a la Tierra– implicaba un cambio importante en su físico. Por eso, desde la transmisión de la Nasa explicaron que desde este viernes, muy temprano, tomaron pastillas para evitar náuseas, vómitos y para que sintieran bien en este regreso.
Rick Henfling, director de vuelo de entrada del Artemis 2, explicó además durante la transmisión que regresar de la Luna implicaba hacerlo a grandes velocidades. “Para desacelerar, la tripulación experimenta entre tres y cuatro veces la fuerza de la gravedad de la Tierra”, detalló, por eso diseñar este regreso de forma segura y exitosa era una obligación.
“Atravesar la atmósfera como una bola de fuego” será una gran experiencia, señalaba el piloto Victor Glover a principios de esta semana, y confesó que desde su selección para la tripulación en 2023 sintió aprensión ante ese momento.
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