El 3 de octubre de 1226 en Asís, Italia, falleció San Francisco de Asís, el hijo de un rico comerciante que renunció a su estilo de vida para vivir en pobreza y servir a los demás. En 2026 se cumplen 800 años del fallecimiento del fraile que se convirtió en santo tan solo dos años después de su muerte y que es una de las figuras más reconocidas del catolicismo.
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A raíz de este aniversario, desde el 21 de febrero y durante un mes completo, los restos del santo italiano estarán exhibidos en la Basílica de San Francisco de Asís. En este templo, considerado patrimonio de la humanidad por la Unesco, los visitantes también pueden encontrar objetos que pertenecieron al santo.
Los restos de San Francisco han estado conservados en una vitrina, ocultos a los ojos de los visitantes. Durante ocho siglos, solo se mostraron una vez, brevemente, en 1978. Debido a la corta duración de esa exhibición, la que se está llevando a cabo actualmente es considerada histórica y un evento relevante que han celebrado creyentes y peregrinos.
Para poder ver las reliquias, las personas interesadas pueden reservar un espacio en un formulario disponible en el sitio web de la basílica. Hasta ahora, alrededor de 400.000 personas de todo el mundo se han inscrito para realizar la visita.
Asís es uno de los principales destinos religiosos del mundo. Su popularidad se debe precisamente a San Francisco, considerado patrón de Italia desde 1939, gracias al decreto del papa Pío XII.
¿Quién fue San Francisco de Asís?
Nacido en 1182, a los 22 años una experiencia espiritual lo llevó a abandonar sus aspiraciones de caballero y optar por una vida de pobreza. Según relatan las crónicas, el momento de iluminación de San Francisco llegó mientras oraba ante un crucifijo. Fue allí cuando escuchó una voz que le pedía “reconstruir la Iglesia”.
Al interpretar el mensaje de forma literal, vendió telas del negocio familiar para restaurar un templo italiano. El gesto molestó a su padre, un rico comerciante de telas, y, a raíz de ello, Francisco renunció a sus bienes y comenzó a vivir como mendigo, dedicándose al cuidado de los leprosos.
De ahí, San Francisco comenzó a reunir un pequeño grupo de seguidores y fundó la Orden de Frailes Menores, movimiento que se expandió con rapidez por Europa y el Mediterráneo.
En sus últimos años, su salud se deterioró de manera significativa. En 1224, mientras se encontraba en el Monte Alvernia, afirmó haber recibido los estigmas, las heridas de Cristo en su cuerpo. A su muerte, la orden que había fundado ya se había extendido por gran parte de Europa, consolidándose como una de las figuras más influyentes del cristianismo.
En 1230, San Francisco fue enterrado en la basílica italiana que hoy lleva su nombre, pero durante varios siglos se desconoció el lugar exacto en el que se encontraban sus restos. En 1818, allí se descubrió una tumba y, luego de varios estudios, el papa Pío VII declaró que se trataba del santo.