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Los hallazgos de la Doctora Perreo: Luisa Fernanda Espinal presentó su tesis doctoral en Eafit sobre el reguetón

Luisa Fernanda Espinal hizo la primera tesis doctoral sobre reguetón y perreo en el país. Estos son algunos de sus hallazgos.

  • Luisa cursó su doctorado en Eafit. Planea hacer de su tesis un libro, en un formato mucho menos académico. Todavía no hay una fecha clara para su publicación, que podría ser a finales de este año y principios del próximo. Foto de cortesía.
    Luisa cursó su doctorado en Eafit. Planea hacer de su tesis un libro, en un formato mucho menos académico. Todavía no hay una fecha clara para su publicación, que podría ser a finales de este año y principios del próximo. Foto de cortesía.
Sara Kapkin

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hace 28 minutos
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Se habla mucho de reguetón, pero se dice muy poco. Para unos es demasiado simple y superficial, una música hecha a la medida del mercado, para otros no se puede criticar nada tan exitoso y comercial.

Al final, se piensa muy poco en un género al que se le atribuyen tantas cosas, porque para muchos en Medellín, fue el reguetón, el que en mayor medida le cambió la cara a la ciudad, que pasó de ser una de las más violentas del mundo, a una alegrona y cuasi caribeña, referente de turismo y en camino a convertirse en una capital del entretenimiento mundial.

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Mejor dicho, el reguetón si se piensa, pero en clave de cifras (de dinero) y de entretenimiento (chismes). No más. Esa fue una de las cosas que rápidamente entendió Luisa Fernanda Espinal cuando empezó a trabajar en sus tesis doctoral: El perreo en Medellín y su función social en la (re) definición de la identidad en las mujeres.

“Hay algo muy curioso, sobre todo en la academia colombiana, y es que hay objetos de estudio de gran estatus y otros no tanto. A los académicos les interesa hablar de reguetón cuando hay tensiones sociales, por ejemplo, alrededor de canciones como +57 o Perra de J Balvin y Tokischa, ahí sí todos salen a hablar de reguetón, académicos, psicólogos, periodistas, todo el mundo, pero no hay ese mismo interés cuando se trata de investigarlo a profundidad”, dice Luisa.

Ella lo hizo. La inquietud por el reguetón venía de años atrás. Luisa lo empezó a escuchar cuando tenía unos 12 o 13 años. Lo conoció por la radio y le gustó tanto que no paró de escucharlo desde entonces, pero a los 16 años, cuando se sumó al movimiento social de mujeres, escuchar reguetón se volvió problemático. Ser feminista y reguetonera parecía una contradicción.

Esa sensación la acompañó por años, mientras estudiaba psicología y cuando empezó a ejercerla, como profesora y psicoterapeuta, siempre muy enfocado en asuntos de género, en violencias.

Entonces vino el doctorado, y como sabía que completarlo no sería nada fácil, se propuso que por lo menos el tema a estudiar fuera apasionante, y se decidió por el reguetón, Entonces puso en el centro de su investigación la contradicción que la había acompañado por años: feminismo, reguetón, y todas esas tensiones que implica la participación de las mujeres con el género.

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Efectivamente no fue una tarea fácil; si poco se sabe del reguetón, mucho menos del baile, el perreo. “Como ha sido un género tan poco estudiado, hay muy pocas herramientas y conceptos para poder entender el fenómeno. Eso fue una gran exigencia dentro de mi proceso de investigación”, dice Luisa.

Pero sí, divertido. De ahí viene el apodo de Doctora Perreo, que le pusieron sus amigas, porque parte de la investigación paso en medio de fiestas, y al contrario de la academia, las personas de esa industria sí se interesaron por la investigación y la apoyaron de diferentes maneras.

“Hay un prejuicio con los fenómenos masivos, el nivel de comprensión se restringe a asuntos de mercado, por eso hay una mirada un poco superficial y banal sobre el reguetón, es como si por ser un género musical simple, fuera también básico y superficial en sus efectos y dimensiones”, dice Luisa.

Pero no. Entre otras cosas, Luisa encontró que el perreo es una especie de lenguaje corporal que nadie enseña, pero casi todas las mujeres entienden, un saber erótico y que es, sobre todo, liberador.

“Entender cómo la dinámica de la identidad cambia según los contextos y la potencialidad que tiene la música para permitirnos ser otros y jugar con esas formas de ser, para mí fue sorprendente y encantador. El perreo le permite a muchas mujeres habitar sus contradicciones y asumir actitudes que en su vida cotidiana les produciría un malestar significativo o las haría sentir juzgadas”, dice Luisa.

No es poco. El reguetón y el perreo han convertido a Medellín en ciudad que baila. Suena raro, sobre todo porque después de tantos años de reguetón sonando por todas partes, parece que aquí se hubiera bailado siempre, pero no es así. Esta ciudad ha cuestionado profunda y tradicionalmente el cuerpo femenino, y ese cuestionamiento es una forma de paralizarlo, de gobernarlo. El reguetón, sin proponérselo y aún con un discurso a veces tan desobligante hacia las mujeres, es una forma de conjuro.

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