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Tomar distancia para ver mejor

Hoy parecemos practicantes de un canibalismo que busca la extinción del otro por pensar distinto.

hace 3 horas
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Por Aldo Civico - @acivico

¿Por qué nos preocupa tanto la inteligencia de las máquinas y tan poco nuestra propia falta de lucidez? Me surgió esta pregunta esta semana mientras asistía a una clase magistral del filósofo catalán Francesc Torralba. Hablando de la inteligencia espiritual, resaltó una capacidad que me parece fundamental hoy, en un mundo que experimenta una aceleración exponencial y en el que las máquinas invaden cada vez más todas las áreas de la existencia humana. Esta capacidad es la de tomar distancia, de dar un paso atrás, de interrumpir la reactividad y, en lugar de desengancharse de lo inmediato que está pasando, algo a lo que parece que estamos adictos de forma irreversible.

Llamaría lucidez al fruto de esta toma de distancia. En otras palabras, se trata de la facultad de tener claridad, de ver y reconocer lo que sucede a nuestro alrededor y en nuestro interior, para lograr una comprensión más profunda. La lucidez es el resultado del discernimiento auténtico, algo muy distinto de la reactividad. En su libro Inteligencia Espiritual, Torralba lo expresa así: «Consiste, pues, en separarse, sin dejar de ser, sin abandonar el mundo». Por el contrario, mi experiencia sugiere que esta capacidad de distanciamiento es la que permite ser y estar en el mundo, sin dejarse secuestrar por él. No se trata de aislarse durante unos años, de retirarse en un desierto, como lo han hecho los grandes maestros del espíritu, sino de programar intencionalmente momentos en los que nos alejamos para examinarnos. Seríamos mejores gobernantes y líderes empresariales si tuviéramos la capacidad de tomar distancia.

Vivimos en una época en la que la polarización, el fanatismo y la intolerancia arrancan las puntadas que nos mantienen unidos. Convertimos el desacuerdo en amenaza, al adversario en alguien cuya humillación celebramos. Hemos aceptado que vivir consiste en competir, cada uno contra los demás, hasta quedar solos con nuestras pequeñas victorias. Todo eso amenaza la voluntad de cooperar y comprender sus beneficios para la evolución de nuestra sociedad. Hace más de un siglo, Piotr Kropotkin encontró en la observación del comportamiento animal razones para cuestionar esta lectura de la existencia. En El apoyo mutuo, destacó la cooperación como factor de evolución y de supervivencia, especialmente frente a condiciones adversas. Concluyó que ayudarse también hacía posible vivir. Por el contrario, hoy parecemos practicantes de un canibalismo que busca la extinción del otro por pensar distinto.

Como lo resalta Terralba, necesitamos de la distancia para comprender mejor, para penetrar más hondamente en la realidad. Comprender supone mirar debajo del insulto, del titular, de nuestra propia certeza. Descubrir las heridas, los intereses y los temores que intervienen en lo que ocurre. Allí empieza una inteligencia capaz de leer la vida más allá de su apariencia. Se trata de una inteligencia que las máquinas no alcanzan y que es inmanente a la esencia humana. Necesitamos darnos tiempo para advertir lo que la prisa oculta. Frente a la aceleración de las máquinas, necesitamos recuperar la capacidad de ralentizar, para tomar distancia y conservar la lucidez.

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