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Pasó en Florencia, Caquetá. El gobernador Luis F. Ruiz y el alcalde Marlon Monsalve intercambiaron golpes ante un público que, yendo a ver boxeo, se topó con un ingrediente adicional: la política.
Por Rubén Darío Barrientos G. - opinion@elcolombiano.com.co
Ocurrió el pasado 12 de septiembre (sábado), en una discoteca y en una función bautizada con nombre de película: “Guerra de la Selva”. Hubo luces, árbitro, guantes, cascos, cámaras, barras y transmisión por redes sociales. Y —bajo ruido y mucho voltaje—la política colombiana acaba de inaugurar el escenario que le faltaba: un ring. Sucedió en Florencia, Caquetá. El gobernador Luis Francisco Ruiz Aguilar y el alcalde Marlon Monsalve Ascanio se pusieron los guantes, se ajustaron protectores bucales y terminaron intercambiando golpes ante un público que, yendo a ver boxeo, se topó con un ingrediente adicional: la política.
Relatan que el combate duró míseros dos asaltos. A un minuto y quince segundos del segundo, Monsalve tiró la toalla y Ruiz se quedó con la victoria. En política, perder una discusión puede ser incómodo. Perder un debate, manejable. Pero perder un combate frente al gobernador y, además con cámaras prendidas, tiene que pasar una factura al orgullo. Y la retórica empezó su trabajo. El gobernador dijo que fue un “duelo amistoso”, una demostración de unión, fraternidad y trabajo en equipo. El alcalde habló de jornada de paz e integración. Y coincidieron en que el objetivo era apoyar el regreso de la Liga de Boxeo del Caquetá.
Pero hay una coincidencia que vuelve la historia harto sabrosa. Este año, el gobernador y el alcalde también tuvieron su propio rifirrafe. La pelea no fue con guantes sino por las curules del Caquetá en la Cámara de Representantes. La Silla Vacía documentó que Luis Francisco Ruiz apoyó a Leonardo Ramón, mientras Marlon Monsalve puso sus fichas en Juan Pablo Duque y Jhon Fredy Núñez. Es decir, cada uno tenía su esquina, sus candidatos y su apuesta política. Y las urnas también dieron su veredicto: Leonardo Ramón y Juan Pablo Duque terminaron conquistando las dos curules territoriales del Caquetá. De manera que la historia tiene su “guardado”.
Primero riñeron por la política y después se enfrentaron por el boxeo. Un video de quince segundos puede convertirse en tendencia antes de que alguien termine de leer una propuesta. Y un político con guantes, dentro de un ring, produce más clics que uno sentado detrás de un atril hablando de presupuesto. Y aquí aparece una comparación internacional que tampoco es nueva. En Canadá, en 2012, Justin Trudeau, entonces diputado liberal, se enfrentó en un combate benéfico con el senador conservador Patrick Brazeau. Fue, como lo describió The Guardian, la conversión literal de la metáfora de la “pelea política” en una reyerta de verdad-verdad.
La diferencia es que Trudeau terminó usando aquel episodio como parte de la construcción de su imagen pública. En Florencia, nuestros mandatarios expresaron que lo hicieron para promover el deporte y la integración. Todo aparentemente muy noble, pero las redes ya hicieron lo suyo. Ahora el gobernador suma una victoria en el cuadrilátero, el alcalde pidió revancha y Ruiz ya lanzó otro reto: quiere enfrentarse al alcalde de San Vicente del Caguán. Como que le gustó la vaina. Mejor dicho: esto empieza a parecer menos una velada de boxeo y más un calendario político con guantes. Y el público se queda pensando si acaba de asistir a una estrategia de comunicación política o a una nueva modalidad de debate democrático.