Timothy Brown padecía VIH y en 2009, cuando se sometió a un tratamiento por cáncer, no sabía que se estaba convirtiendo en un hito para la historia de la medicina.
Hace 17 años, el estadounidense se sometió a un trasplante de células madre para tratar su leucemia y cuando los médicos retiraron su tratamiento antirretroviral, el VIH no volvió. Murió en el año 2020, pero no por el virus: fue el cáncer el que regresó.
Su caso demostró que curar el VIH era posible y abrió una pregunta que la ciencia lleva años tratando de responder: ¿cómo hacerlo para todos?
El décimo caso confirmado de un paciente curado de VIH se publicó el 13 de abril en la revista Nature Microbiology. Es el paciente de Oslo, un hombre de 62 años que en 2020 recibió un trasplante de células madre para tratar un síndrome mielodisplásico, un tipo de cáncer de sangre. Cuatro años después de haber dejado los antirretrovirales, no hay rastro detectable del virus en su cuerpo.
El donante fue su propio hermano, quien de forma inesperada era portador de la mutación genética CCR5-delta32, la misma que impide que el VIH entre en las células.
El caso se conoce semanas después del CROI 2026, la conferencia internacional de investigación sobre VIH celebrada en Denver, EE. UU., el pasado mes de febrero, donde el ensayo clínico RIO mostró que más de la mitad de los participantes que recibieron anticuerpos ampliamente neutralizantes mantuvieron cargas virales bajas o indetectables durante más de 20 semanas tras suspender los antirretrovirales. Dos de ellos llevan más de un año sin tratamiento.
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¿Cura o remisión? La diferencia importa
Miguel Ángel López, periodista, activista y cofundador de Más Que Tres Letras, una fundación dedicada a visibilizar y reducir el estigma asociado al VIH, pone el hallazgo en perspectiva. “Esto demuestra que es posible que haya una cura para el VIH”, comenta a EL COLOMBIANO.
Sin embargo, advierte que el término preciso no sería cura sino “remisión permanente”.
“Estos pacientes continúan con reservorios del VIH, que es como esa memoria latente del virus que queda. La razón por la que debemos seguir tomando antirretrovirales es para que ese reservorio no vuelva a generar copias del virus”, aclara.
López usa una imagen para explicarlo mejor: “Como si el reservorio fuera una abeja reina y el VIH fueran las obreras. El reservorio es el único que tiene la posibilidad de reproducir el VIH, pero con los medicamentos se le mantiene quietico, sin reproducirse”.
Lo que ha pasado en estos diez pacientes es que, sin medicamento, esa abeja reina tampoco se reproduce. “En sentido práctico es una cura, porque no le afecta la salud y no lo transmite. Pero en sentido estricto, el virus sigue ahí a manera de reservorio”.
Tres caminos hacia la remisión
Pero el trasplante de células madre no es la única vía documentada. López señala otras dos.
La primera es la remisión permanente postratamiento: alrededor del 10% de las personas con VIH que mantienen carga indetectable pueden dejar los antirretrovirales sin que el virus rebote.
Ese porcentaje sube hasta el 18% en quienes iniciaron tratamiento inmediatamente tras el diagnóstico, según datos presentados en la Conferencia de Investigación para la Prevención del VIH en Lima en 2024.
La segunda son los llamados controladores élite: personas que adquieren el virus pero que, por una mutación natural, nunca lo replican.
Sin embargo, López llama a la mesura. “Ya vamos sumando diez casos. El paciente de Berlín fue hace más de veinte años y todavía no ha servido para encontrar algo a gran escala. Es importante pararnos en un principio de realidad: celebrarlo, aceptarlo, pero saber que esto no significa necesariamente que ya estemos más cerca de la cura”.
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Las lecciones aprendidas
Para él, el verdadero mensaje de estos avances no es médico sino social. “Ya tenemos tantas herramientas para que la gente siga creyendo que la discriminación es la solución. Hoy el VIH no nos debería mover desde el miedo y desde el rechazo, porque tenemos todas las herramientas para prevenirlo”, comenta.
El ejemplo más concreto está en Escocia, que desde 2020 se propuso formalmente alcanzar cero nuevas transmisiones de VIH para 2030 y en 2024 publicó un plan de acción con estrategias de prevención, diagnóstico, tratamiento y reducción del estigma.
“Si hay un cambio social y aseguramos el acceso sin barreras y sin estigma, podemos llegar a una respuesta en VIH”, dice.
Por otro lado, investigadores del consorcio IciStem 2.0, coordinado por IrsiCaixa, llevan más de una década siguiendo a personas con VIH que se han sometido a trasplantes de células madre.
De ese seguimiento surgieron lecciones concretas. La primera: cuando el donante porta dos copias de la mutación CCR5-delta32, las probabilidades de remisión aumentan significativamente.
Cuando hay una sola copia o ninguna, el virus suele reaparecer tras suspender la medicación. Pero hay excepciones, y esas excepciones son las más valiosas: el paciente de Berlín 2 y el de Ginebra lograron la remisión sin que sus donantes tuvieran la doble mutación. Eso indica que la mutación no es el único mecanismo en juego.
La segunda lección tiene que ver con la edad. El paciente de Oslo tiene 62 años, uno de los más longevos de la cohorte. Su caso abre la posibilidad de que la remisión no esté limitada a pacientes jóvenes ni a perfiles de salud específicos, algo que amplía el horizonte para futuras investigaciones.
La tercera lección es más técnica pero igualmente importante: lo que elimina el reservorio viral no es la mutación en sí misma, sino la reacción inmune del donante, que detecta como extrañas las células del receptor y las destruye, llevándose consigo las infectadas por el VIH.
Finalmente, la cuarta lección es, quizá, la más difícil de asimilar y la que plantea López: los avances científicos no bastan si la sociedad no cambia al mismo tiempo