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Milagro de solidaridad: 300 desconocidos se unieron para darle chaleco a Samara

A través de la Fundación Un Viejo Favor, se recogieron los fondos suficientes y se mandó traer el chaleco desde Estados Unidos. Entérese de cómo se logró la meta y más sobre la historia de esta pequeña.

  • Samara y su madre Kelly, felices con el nuevo chaleco percutor. FOTO Cortesía.
    Samara y su madre Kelly, felices con el nuevo chaleco percutor. FOTO Cortesía.
hace 39 minutos
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El 12 de diciembre del año pasado, EL COLOMBIANO dio a conocer la historia de Samara Buitrago Aristizábal, una pequeña de 9 años que vive en la vereda La Milagrosa de Marinilla, al Oriente de Antioquia, y padece el Síndrome de Edwards, un delicado trastorno genético por una “copia” del cromosoma 18 que produce una discapacidad general y afecta de manera severa sus órganos vitales. Ella y su familia, en especial su madre Kelly, necesitaban con urgencia un chaleco percutor para mejorar su calidad de vida. Hoy es una realidad, hoy, por fin, Samara tiene lo que tanto añoraba, y aunque no pueda hablar, en sus ojos se refleja la felicidad.

Fueron cerca de 300 personas de diferentes regiones del país las que se unieron y decidieron aportar a la causa, una que en tiempo récord se pudo cumplir gracias a la difusión de esta bella historia que conmovió cientos de corazones y abrió muchas puertas.

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El chaleco percutor fue traído desde Estados Unidos ante la dificultad de conseguirlo aquí, pues al ser un artículo tan costoso y particular, la única opción era acudir a una empresa en el extranjero. El objetivo de este elemento, básicamente, es mejorar el funcionamiento interno del cuerpo a través de vibraciones repetitivas: despejar la mucosidad de los bronquios, ayudar a liberar los pulmones y aportar mejor funcionamiento al colón, algo que a Samara, producto de su enfermedad, se le dificulta.

“Hasta ahora, el favor de Samara es el más costoso que hemos conseguido. En total fueron unos $26 millones entre el chaleco percutor, el envío hasta Colombia, el pago de impuestos y otros aportes económicos que les dimos. También les ayudamos a costear algunas de las citas médicas que tiene la niña en las próximas semanas. Es muy bonito ver cuando tanta gente se suma a un mismo propósito porque era algo que parecía inalcanzable, pero con la colaboración de todos se logró”, dijo Santiago Jaramillo, creador y director de Un Viejo Favor, la Fundación que desde un principio expuso el caso de Samara.

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El chaleco arribó a Antioquia el lunes 19 de enero. El domingo 25 Santiago lo llevó hasta Marinilla para entregárselo a la familia Buitrago Aristizábal, quienes aún no dimensionan el “milagro” tan grande que llegó a sus vidas.

“No tenían palabras para agradecer. Recuerdo que lo único que me dijo doña Kelly fue que ella nunca pensó en tener algo así, tan útil, para mejorar la calidad de vida de su hija. A esa mujer se le notaba por encima la felicidad”, agregó Santiago.

Y es que no ha sido fácil por lo que esta familia ha tenido que pasar a raíz de la enfermedad de Samara, a quien al nacer le dieron a lo mucho un año de vida, y para sorpresa de todos, ante cualquier tipo de adversidad, hoy tiene 9, y cumplirá 10 el próximo 16 de febrero.

Luchar contra imposibles

No hay tarea más sagrada para Kelly Aristizábal que el cuidado de su hija. No se despega de ella ni un solo segundo, donde está Samara, está su madre, y si esta pequeña ha vivido más tiempo de lo estimado por los médicos, se debe, en gran parte, a las atenciones especiales que le da su ángel de la guarda.

Es quien cuida su sueño y su despertar, quien se encarga de su comida, citas y medicamentos. La labor de Kelly, más allá de ser una obligación, es una bendición, una oportunidad de proteger a lo más especial que la vida le ha dado.

“Yo soy consciente que por la condición de mi hija hay que cambiar muchas rutinas, pero a eso no le presto tanta importancia. Por ejemplo, a veces esto implica aislarse de la gente; en mi casa no puedo dejar que entre cualquier visita porque mi niña es muy delicada, y si alguien llega con un síntoma de virus, así sea leve, puede ser muy crítico. Incluso, pasa en la misma familia, porque si mi esposo o yo nos enfermamos debemos guardar la mayor distancia con Samara para evitar que ella se contagie”, dijo Kelly.

Es por eso que este regalo con el que empiezan el año es un cambio tan sustancial para sus vidas, pues no sólo permite que Samara no padezca tanto con su enfermedad, sino que, al tiempo, alivia un poco la carga de todo lo que en un solo día debían hacer sus padres de manera manual.

“Hace como 5 meses yo me enteré que existía el chaleco percutor, pero sinceramente lo veía casi imposible de adquirir porque es demasiado costoso, entonces era apenas una idea que nunca creí que pudiera hacerse realidad. Hoy, que ya lo tenemos, sigo sin creerlo, y le agradezco a Dios, a don Santiago y a todas las personas que ayudaron por tan bonita labor”, concluyó.

¿Qué sigue para Samara?

Vivir, es la única consigna en la familia Buitrago Aristizábal. Todo lo que venga de ahora en adelante para ellos será ganancia, pues su hija, que es uno de sus tesoros más preciados, ahora tiene una razón más para seguir adelante, y es la fiel demostración de cariño que se materializó en el favor que recibió después de tanta espera.

Si bien Samara no puede hablar ni expresar todo lo que siente una niña de su edad, el agradecimiento lo demuestra de otra manera. Lo hace a través de su resiliencia, de su capacidad de superar los obstáculos más difíciles sin importar el panorama a veces oscuro que está en medio.

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Ahora, esta pequeña que en menos de un mes cumple su primera década de vida, podrá afrontar lo que viene con ayuda del chaleco percutor, su regalo de “Niño Dios” que tardó unos días más en llegar al ser un pedido exclusivo.

Como ella, muchos niños, jóvenes y adultos buscan eso: un milagro, un “sí” que los motive a continuar. Es por tal razón que que la búsqueda de recursos no se detiene, y si usted quiere aportar a los casos que aún no tienen un doliente puede hacerlo a través de la cuenta de ahorros Bancolombia 24500011098, a nombre de la Fundación Un Viejo Favor, la que ayudó a Samara y espera, este año, hacer más felices a cientos de personas en Antioquia.

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